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El prisionero de Warnerkaban

Resulta que en mis manos, por casualidad, cayó una entrada para el preestreno de una nueva entrega de la saga del cebérrimo señor mago menor de edad. De esas entradas que patrocinan una serie de emisoras de radio y cuya gratuidad, evocan masas, a pesar de que lo que haga con la varita ese jovenzuelo les de igual.

La función no se hizo de rogar y esperando la habitual cola que se forma en este tipo de eventos, entre los niños desquiciados, posiblemente intoxicados de glucosa por la espera, una señorita de pronunciado escote se habría paso dándonos un papel intimidante sobre lo tanto que pierde la industria del cine y lo cabrones que somos los usuarios de a pie. Un detalle pensé, prensa sensacionalista como la que leo en el baño para hacer tiempo.

De repente, mi mente evoco retazos de películas carcelarias, cuando aquel escote, comenzó de nuevo a recorrerse la fila entregando pequeñas bolsas usadas en paquetería, para portar documentación de los envíos. En dichas “bolsas de seguridad”, había que portar “móviles, ipods, mp3 … todo, sino no pasáis” auguraron aquellos pechos. La cara de estupefacción recorría desde ese padre con traje y corbata metido en aquel sarao por acompañar a su hija, viendo como tenía que dejar su BlackBerry en aquel condón, hasta esa joven, cuyos dedos están tan adaptados a esa matríz de nueve por nueve, que prefiere amputarse una extremidad no superior antes de que le quiten ese trozo de silicio.

Antes de entrar, me deshice de todos los cacharros que suelo portar (que no son pocos), dejándolos a buen recaudo. PDA, móvil e iPod, durmieron a unos metros de allí. Esta acción, de vuelta al pleistoceno digital, me dotó de una cierta libertad que el resto del público no tenía.

Una vez tras la primera puerta, pude ver como uno a uno, dejaban la bolsita, en un mostrador, a cambio de un papel con un número. Y cuando me refiero a un papel con un número, me refiero a eso exactamente. Un papel y un número como los que nos daban en la mili que diría alguno. Los de la carnicería hubieran dado más glamour a aquella epopeya. Por su puesto, sin inventariar lo que se dejaba ni nada por el estilo. Ningún teléfono que “estaba de guardia” ni aquel otro que rezaba “como lo pierdan, os denuncio… es mi trabajo” consiguieron traspasar el umbral.

No contentos con crispar a la gente, antes de entrar a la sala de cine la última prueba: un arco detector de metales, con el agente accesorio, con su versión en pequeño y “porrizada” de aquel aparato. Como nota a favor, no ha sido tan denigrante como viene siendo costumbre últimamente en los aeropuertos, pero si bastante incómodo, cuando portas una cocacola extra grande y te pita no se que atrás: Las temidas monedas del cambio o el envoltorio de la chocolatina, que juntas, son capaces de grabar video en alta definición.

Después de que una gran empresa y patrocinadoras, me deleitaran con semejante paripé, casi no me hacía falta película.

A la salida del evento, eran de esperar las hordas de gente lanzadas a la recuperación de sus pertenencias. Unos bien había perdido el dichoso papel, bien le habían perdido la bolsa. Increíble. Cuando ya me iba, me fije en las consignas habilitadas que sugería la entrada: cinco cajas de cartón con todos los móviles apilados, como listos para ser vendidos al peso. Se de gente que tiene verdadero apreció a su móvil, como para que alguien lo trate así, allí había unos cuantos… justo al ladito de unos rezagados, a la espera de que apareciera su móvil entre aquel amasijo de comunicadores.

Como siempre siguen dando palos de ciego y haciendo el ridículo, sin ver que acciones como esta, no están haciendo otra cosa que ir contra ellos. Y es que equiparar coger un avión con ver una película me parece extremista y radical. Visto lo de hoy es más fácil y rápido lo primero, pues ha durado lo mismo la película que el acceso a ella.

Debe ser la primera vez en tiempo que voy al cine y no oigo un móvil. Y es que algo bueno tenía que tener el talibanizar hasta el acomodador, que ahora portan hasta visores nocturnos.

¿Hasta donde llegaremos por este camino?

David Bravo lo plasma con su mejor pluma aquí. Gracias David.

Herr der Ringe

La próxima vez me depilo… estar dos horas con el vello corporal levantado es muy incómodo. Y es que asistir a uno de los mejores acontecimientos que en mi opinión pueden existir causa ese efecto fisiológico de retracción masiva de los folículos pilosos en todo el cuerpo, al menos en mi.

El recorrerse 1.400 kilómetros para ir a un concierto interpretado por una orquesta sinfónica apenas dirá nada, cuando la gente es capaz de moverse, eso y más, por un simple evento deportivo. La nota que tilda al viaje de friki, es que a la susodicha, le acompañan dos corales y la soprano Ann De Renais, y que todos juntos interpretan seis movimientos de la sinfonía del Señor de los Anillos

Entrada

Me fascinan los conciertos de música clásica. Escuchar en directo un violín o un clarinete, no es algo reproducible por mucho que aumentemos la tasa de muestreo de los sistemas de audio. Los eventos en directo, contienen matices estremecedores tal vez por la cercanía a la fuente. La sensaciones son más puras y esto, ensalza irremediablemente la emotividad de las piezas musicales. Una opera, en tu casa, es bastante probable que acabes dándola por infumable, en el teatro, es posible que te emociones.

Entrada

No tengo palabras para definir la belleza que tiene esta obra. Hay pocas cosas constantes en mi iPod, y las versiones originales de grabación de esta sinfonía siempre van conmigo. Si juntamos mi devoción por la música en general, añadimos la complejidad y armonía de una orquesta, a la soprano original que interpretó la banda sonora, la temática misma y un fondo de dibujos inéditos de Ann Lee y John Howe, me tendréis en un estado de conmoción (o lo que es lo mismo semir-orgásmico-cuasipajístico) durante dos horas.

Pausa para el pipi

Los seis movimientos, están elegidos entre las doce horas de banda sonora que existen. Elegir e hilarlas es un trabajo comparable al llevar el libro a tres películas. Las ilustraciones proyectadas tras la orquesta, ayudan a la gente, a situarse dentro del marco de la película. Se trata de dibujos muy sencillos, bocetos y esbozos, que con la simplicidad propia del carboncillo te sitúa en escenas con una gran precisión.

Aplausos

Es fascinante poder asistir a un evento de este tipo y sentir el poder y la influencia que tiene la música. Pasar del nerviosismo que causa “A knife in the dark”, a casi llorar con “The breaking of the felloship”, pasando por un ensalzador (que tildaría de engorilante) “Riders of Rohan”, “The Steward of Gondor” para rematar con “The Return of the King” y la vocal “Into the west”… y es que solo de pensarlo, aun se me vuelven a poner los pelos de punta.Y ahora… ¿a por la obra de teatro?

Colus interruptus

Espero que os haya pasado al menos una vez y no me sentiré tan mal. La situación puede tener varios prólogos pero todas de idénticos desenlaces: Te pones al final de la cola en el supermercado habitual y estás dispuesto a desembarazarte de tus cutre magdalenas de desayuno, ese pack de cervecero, el pan bimbo que con mimo tratas de no arrugar, el fletan congelado 😉 y la botella de cocacola. Digo desembarazarte, porque cuando ocurren estas situaciones, siempre, con una probabilidad bastante alta, habréis obviado esa pila de cestas de la entrada y lo llevareis todo entre los brazos como un equilibrista con mono. Y es justamente en el instante en el que quieres posar la cocacola y la cerveza, cuando la cinta deja de avanzar como si se hubiera atrancado con una lata de atún: comienza tu sufrimiento por un semi agarrotamiento en el brazo de las cervezas y la cocacola mientras oyes a la señora (lo siento siempre suelen ser de este género). –Uy, si se me ha olvidado la __________- Aquí rellanáis vosotros con lo que queráis. Desde productos de primera necesidad como huevos, leche, azúcar, agua… vamos, las cosas por las que casi todo el mundo se decide a hacer la compra, hasta productos totalmente incoherentes con su compra actual. Y no es que yo sea un estudioso de las cestas de la compra, pero cuando vuelven con una cajita de “dulces selectos de la polinesia bañados en licor” y dicen “Casi se me olvidan… y es que están de oferta”, lo dejan bastante claro.

Esta situación también puede ocurrir a varios puestos de la caja. Incluso he llegado a ver a gente que entra en el supermercado, deja una puta cesta en la cola y se dedica a hacer la compra, mientras el resto de la cola avanza y la cesta de dueño imaginario espera que también… a un ser que esté justamente delante mío, que corto el problema de raíz, apartándola de manera no sutil, repito no sutil, o sea patada y regate a un lado. Sobra decir que la cesta suele llegar siempre sin completarse al final de la cola cuando yo no voy detrás de ella.

Bien, pues perdonadme, pero yo me cago en todas estas personas dotadas de la presunción de que su tiempo es infinitamente más valioso que el mío, y que por ahorrarse dos minutos, me hacer los hace perder a mí, y consecuentemente al resto de gente. Haciendo una cuenta rápida, si somos cinco, la señora ha supuesto un colapso temporal del continuo nada más y nada menos que el equivalente a de diez minutos.

Es por ellos que os insto a vosotros, mi particular ejército del mal a que cuando os ocurra esto, no os quedéis en los meros resoplidos y uséis como armas diatribas preparadas a vuestro gusto. En ocasiones permito la pérdida de papeles, y os permito ensalzar su más que probable vasta envergadura, y si no es el caso, también es aplicable. Suerte y valor soldados.

USB-mania

Recuerdo una conversación con un viejo amigo, sobre la superioridad tecnológica del firewire frente al USB. Yo asentía en cuanto a la superioridad, pero no estaba de acuerdo con la desaparición de uno frente al otro simplemente por alcanzar mayores cotas de transferencia; afirmé hace años y aun es válido, que cada puerto tiene su uso, y que ambos convivirían amistosamente.

Gracias a esto, tenemos un amplio abanico de accesorios para nuestro ordenador, que van desde lo útil a lo escalofriante, pasando por lo decorativo y lo inútil.

He agrupado los que más gracia me hacen en un nuevo álbum de la galería:

USB Gadgets

Barbacoas caseras, calienta tazas, afilalápices, destructoras de papel, lanzamisiles, aspiradores de teclado, calienta manos, acuarios, árboles navideños, climatizadore para la silla, fundues, cargadores, deshumificadores, grills, lámparas de lava, microscopios, cajas de música…

Resaca

La ciudad sostiene un cielo gris sobre sus edificios que parece caerse. El letargo de los andares se nota en el ruido del caucho contra el asfalto de los viandantes. Los cristales oscurecidos no pueden ocultar las miradas malhumoradas. Volvemos a los colores planos enterrando en el cajón la camisa floreada y resto de ropaje con mangas o pantorrillas sesgadas. Ya se puede comprar una revista sin llevarte dos mas, un bolso, un turbante y una nevera portátil. Los encantos de las niñas y esos encantos de niñas vuelven a ese lugar secreto a hibernar hasta que su piel pueda volver a ser acariciada por solano. Las terrazas se tornan en jaulas urbanas ridículas con los quita vientos y techumbres plásticas. La cerveza sabe diferente. La programación televisiva adquiere otro tono en su sutil putrefacción. Vuelve el deporte rey y yo me sigo declarando republicano. Los rostros no pueden ocultar la resaca. Es como fin de año, pero sin champagne, espumillón ni campanadas. Es la resaca vacacional.

Los nuevos ciclos dentro de una etapa, o las nuevas etapas siempre acaecen en septiembre. Feliz ciclo nuevo a todos.

Galeria on air

Se me había olvidado comentar, que después de uno de esos calentones que le dan a uno, he abierto la por fin la galería. Si ese enlace allá arriba que no tenía función, por que no iba a ninguna parte. Ahora si lo hace.

Es un pequeño espacio donde colgaré las pequeñas capturas que hago de la realidad que me rodea, me gusta o simplemente me parece curiosa. Algunas se han presentado ha concurso con poco éxito para los cánones actuales de los premios fotográficos. Ahora las comparto con todo aquel que quiera bajo CC ;-).

Mi pasión por la fotografía viene impreso en mi material genético dominante. Aunque nunca llegaré a tener por completo el don del excelente fotógrafo que es mi padre. Sus fotos, solo son retocadas por la luz, sombras y las impredecibles condiciones meteorológicas. Como un ermitaño de la captura, aguarda con paciencia titánica hasta que sean las idóneas para ser retratadas. La espera por un reflejo, niebla un grado más densa o una nube que entre en un encuadre… la capacidad de verlo antes que ocurra, imaginarlo y tener la técnica necesaria para retratarlo, son los dotes de un artista. Yo soy un padawan que aun no está dotado de la paciencia y virtudes necesarias para cualquiera de los anteriores envites.

Me queda mucho por aprender, aunque varios aseguran que guardamos asombrosas coincidencias. Una prueba casera de la existencia de la memoria genética: muchos de los encuadres realizados en diferentes momentos por uno y por otro (de minutos hasta años de diferencia), tienen parecidos increíbles, casi como copias… aunque repito… aun me queda mucho para llegarle si quiera, a la suela de los zapatos.

Espero que las disfrutéis tanto como yo haciéndolas.

Mama, de mayor quiero ser grupi

Al hilo de los talibanes anteriores, sigo con las curiosas emociones que puede llegar a despertar la música. Desde unas notas en un charango a unas palabras hiladas en una voz. Su conjunción en una canción, puede evocar sentimientos olvidados y recuerdos enterrados. Afortunadamente he vivido esas sensaciones hace poco.

Recuerdo que por aquella época, estaba en plena confusión, producto de la peligrosa mezcla juvenil de la edad, el pavo, feromonas y el descubrimiento del sexo opuesto. Paseaba yo por el english cut y descubrí a mi paso una oferta de un cd de una cantante colombiana. La cuestión es que sonaba bastante por aquel entonces, siendo frecuente su acompañamiento en las incursiones sabadiles de los garitos de moda. Y por aquel entonces cuando salí por la puerta de aquel gran almacén con el cd en una bolsa.

En un primer momento, los cortes que escuchaba eran selectos, como casi todo disco comprado bajo las anteriores condiciones. Un buen día, y después de algún tiempo, lo exploré por completo en una tarde de domingo y desde entonces me enamoré de aquellas letras y aquella voz. No se exactamente cual fue la razón, pero ya no hubo vuelta atrás. Curiosa o accidentalmente, aquellas canciones y posteriores, me acompañaron en momentos determinados de mi vida, reforzando aquella devoción.

Hace una semana, por fin, la pude ver a escasos metros. Tuve la suerte de asistir por casualidades de la vida, al concierto de Shakira en Gijón, y dos días después, por una nueva casualidad en conjunción con unos compañeros de curro a los que les gusta la fiesta más que una niño un chupete, asistí al concierto de León.

Reconozco que estar horas antes del comienzo, conseguir estar en tercera fila e ir a dos conciertos en una misma gira, es lo más grupi que he hecho en mi vida. Solo me faltó correr al entrar en el recito como un miura, cosa de la que me abstuve por dos razones: una, el trecho era largo y mi forma física inversamente proporcional, y dos, un cálculo mental aproximado del caudal de gente entrando por unidad de superficie, aun me aseguraría buena posición si mantenía mi velocidad constante.

Valió la pena. He estado en bastantes conciertos, aunque pocos me habían llenado tanto como este. No es un gran montaje ni un gran espectáculo… y realmente no le hace ninguna falta, ya que lo que hace grande esas dos horas es ella. Aparte de ser fiel devoto de los rasgos latinos femeninos, que ella exhibe hasta en el último centímetro de piel, transmite una gran fuerza en el concierto y se nota que se lo pasa como una niña allá arriba. Sus movimientos y danzas no puedo transcribirlos a palabras, solo puedo recomendar encarecidamente su visión, tanto a ellas como a ellos. Sus movimientos, fruto de una mezcla cultural fruto de sus orígenes y vivencias, tienen una belleza inmensurable.

Al día siguiente, un columnista que cubrió el evento y que ni le iba ni le venía el concierto de aquella muchacha, la retrataba como la persona más humilde que en condiciones similares había tenido el gusto de conocer. Retrataba como fue el pequeño encuentro con ella: como en ningún momento la artista aceleró los trámites para dejar la conversación, apartó la mirada o dejó de estrechar su mano durante el intercambio de palabras. Acababa la columna, añadió de nuevo lo poco que le importaba esta artista, pero lo mucho que le gustaría que aprendieran de su humildad el resto de estrellados que nos rodean actualmente.

En algún sitio he leído que a Shakira le encanta un sentimiento: la nostalgia. Nostalgia incluso por las cosas que no se han vivido. Tal vez sea eso lo que me une tanto a su música… tal vez eso lo explique todo.

Dejadez

Para un par de visitas que tengo… y ambas se enteran de mi condición de moroso… que desastre.

(Para los que estén descolocados, hasta hace poco no se podía acceder a la página por mi dejadez)

Ya vuelvo a estar, creo dentro de la moralidad de no ser un deudas. Mas que moroso, deberían poner vago. Pues dejar hasta casi el siguiente periodo de facturación el cambiar el número de domiciliación bancaria… después de terminar mi tan buena relación con pollastur, es de ser vago.

Y para todos, o los que no lo sepan, estoy aparcado en www.hospedajeydominios.com. Y desde aquí os recomiendo es estos chicos en todos los aspectos. Trato, rapidez, servicios, asequible… que me han tratado maravillosamente y resuelto mis problemas con una prontitud que ya la querría yo en todos los ámbitos de la atención al cliente. Y desaconsejo, ya puestos, por experiencia personal y ajena, muchos de los hospedajes tan baratos americanos. Recordad que la abuela nunca se equivoca… lo barato sale caro.

Talibanes Ipodiarios

Con la proliferación de los soportes de música masivos, véase ipod o sucedáneos, la gente pasea con unos y ceros en su bolsillo que reflejan parte de su personalidad. Algo semejante al dime con quien andas, y te diré quien eres, se podría esgrimir un dime que escuchas y te diré…

Y es que lo de clasificar a la gente por la música que escucha, porta o le gusta me parece una memez suprema. Consiento que la música con la que te identificas pueda conformar destellos de tu personalidad o no. Pero todos aquellos que no comprenden este límite, y se limitan a realizar comentarios despectivos, o encasillarte en un cliché absurdo, seguramente creado por ellos mismo, simplemente son unos etnocentristas musicales.

A mi me ha gustado la música desde muy temprana edad. Gastaba casi toda mi paga en material ferromagnético para grabar canciones de la radio u otras cintas. Por aquel entonces, el material en soporte digital era escaso, los reproductores caros, y el vinilo había empezado a retroceder. Supongo que fueron tiempos malos para el coleccionista melómano. No se cuantos walkmans habré tenido. Entre mis primeros contactos con la electrónica, varios fueron, por la obvia economía de quien no superaba la década, en las tripas de algún reproductor de estos… siempre cascaba algún muelle, correa, motor o el clásico jack (enchufillo de los auriculares para los no iniciados). Por las cabezas de estos comecocos (que nombre más ochentero ¿verdad?) han pasado, con mi consciencia plena, los noventa; por parte de mi padre: el jazz y el piano, Nana Mouskouri y la música clásica; de mi madre, al rey Elvis, a Salvatore Adamo y a un dúo muy dinámico. A grandes rasgos esas han sido mis influencias.

Salvo el prematuro comienzo, el resto supongo idéntico a mis contemporáneos en mayor o menor medida. El cd y el discman, el grabar por grabar, ratios de compresión 1:12 y napster, P2P… es como una enfermedad la necesidad de más y más bytes, de más y más gigas en estanterías y en bolsos, cultura a mares, el ipod, la sgae… Ahora si son buenos tiempos para los melómanos y los coleccionistas, o los que padezcamos ambas enfermedades.

Y es en este mar, cuando más apaciblemente estas tirado en la playa, escuchando el aleatorio cuando el satélite de turno, sin nada que hacer, te fija en su objetivo y al ver el título del “ahora suena” en la pantalla de tu ipod, tiene el pie perfecto para molestar tu calma. No tienes escapatoria, está entre tus bytes, y tendrás que aguantar los clásicos: “pero como escuchas esa bazofia” “vaya gustos musicales” “que temazo ¿no?” “¿para eso quieres el mp3?”… en fin, todos ellos, comentarios dotados de la mayor originalidad.

No me refiero a la broma pasajera de cuando subes en el coche de un amigo y le descubres el caribe mix, sino a aquel que te encasilla y te da la tabarra con un tiempo que oscila de cinco a diez minutos, hasta que le mandas a la mierda, y te encasilla de por vida en su esmerado cliché tan elaborado. Heavy, tu sabes; si es techno, eres un pastillero; actual, un víctima de la moda; de los 60-70, un pieza de museo; house, un pastillero relajado; chillout, sin personalidad; clásica, un pedante; ópera, más pedante todavía; en otro idioma-dialecto, separatista; salsa o bachatta, eres latino; reggaeton, eres el más malo; rap, fijo que no sabes ni lo que dicen…

Es curioso lo que puede llegar a ofender cuando alguien ataca esos reflejos de personalidad. Muy parecido a cuado alguien increpa tu manera de vestir o peinarte. Por ello, a todos aquellos creídos puristas musicales o de cualquier campo de la afición, no deis la lata, os ponéis de evidencia.

Ironía digital

Ordenando toda la basura digital que por una causa o por otra acaba cayendo en mi disco duro, me he encontrado con las imágenes de un anuncio televisivo de Sony. En concreto de la gama bravia de televisiones de plasma, que como todas, promete más realismo que su colega de al lado en la estantería del MediaMarkt.

bravia

La cuestión es que dichas imágenes acabaron almacenadas en mi panteón digital por curiosas. Y es que para la realización del spot se soltaron 250.000 pelotitas de goma en medio San Francisco. Ahora que estaba reordenando un poco los bytes y ya que el anuncio aun sigue en vigor, os insto a que visitéis la web del anuncio. Las imágenes son bonitas. El making-off, pues las pelotas hacían saltar alarmas y llegaban a pillar tanta chicha que se tenían que proteger con escudos. No tiene desperdicio.

Es curioso, que se haya tenido que recurrir al realismo analógico, para dar más crédito a la fidelidad digital. Aquí reside otra ironía de esta eterna guerra de ambos mundos.